BENJAMIN BEWICK | Letter to Joseph Paice

[ Imagen de cabecera: restos del arrecife en construcción abatido por el maremoto de 1755 ]

El autor y la obra

Lo poco que sabemos de Benjamin Bewick es que era un comerciante inglés afincado en Cádiz, que el 1 de noviembre de 1755, día en que sucedió el terremoto de Lisboa, se hallaba residiendo en una de esas casas que vemos diseminadas por toda la ciudad rematadas con torres miradores que servían para divisar desde las alturas la entrada y salida de buques del puerto. Con sus prismáticos, estos comerciantes acostumbraban a otear el horizonte y leer los códigos de banderas para conocer el nombre de los navíos, procedencia y productos transportados. Era amigo de Joseph Paice, compatriota y también comerciante de Américas con sede en Londres. La carta que aquí traigo es una muestra de la correspondencia que, bien por razones comerciales, culturales o de amistad, se tenían entre ambos. No conocemos la fecha de nacimiento de Bewick, pero sí la de Paice (1728-1810), por lo que teniendo en cuenta la cortesía con la que se dirige al destinatario es muy tentador pensar que la edad del remitente podría rondar los treinta años, tan joven por tanto como lo fueron Jean Racine y su socio, quienes se ahogaron durante el maremoto en su huida hacia la Isla de León. Esta coincidencia de edades podría darnos una idea de esa juventud empresarial nacional e internacional, ávida de fortuna y riqueza, que a mediados del s. XVIII establecieron en Cádiz sus cuarteles generales. La carta de Bewick es uno de los relatos más directos y descriptivos de la llegada del oleaje a la ciudad, ya que el maremoto le sorprendió cuando una hora después del terremoto se encontraba de nuevo mirando hacia el horizonte en su labor diaria de control del tráfico marítimo.

Digitalización seleccionada

Recomiendo la digitalización realizada por la Royal Society, propietaria de la revista científica Philosophical Transactions, en cuyo núm. XLIX, parte I, se inserta la carta de Benjamin Bewick. Se publicó en Londres en 1756, pero contiene artículos y crónicas de acontecimientos mundiales de 1755.

An account of the earthquake at Cadiz, Novem. 1, 1755, in a letter from Mr. Benjamin Bewick, merchant there, to Mr. Joseph Paice, merchant in London

Read Dec. 18, 1755

I shall remember this week a long time, for that and something of another nature, I am going to relate, as you may not have so faithful a relation from the newspapers.

The 1st instant, just before ten, the whole town was shook1 with a violent earthquake, which lasted, as far as I can gather from the curious, above three minutes and a half. To give you an idea of its violence, the water in the cisterns (which are underground) washed backwards and forwards for as to make a great froth upon it. Everybody ran out of the houses and churches, in a terrible consternation, but no damage was done, as all the buildings here are excessively strong. We thought ourselves very safe when this was past, and people recovered a little the fright.

An hour after, looking out to sea, we saw a wave coming at eight miles off, which was at least fifty feet higher than common. Everybody began to tremble; the sentinels left their posts, and well they did. It came against the west part of the town, which is very rocky: the rocks abated a great deal of its force. At last it came upon de walls, and beat in the breastwork, and carried pieces of eight o ten tun weight, forty and fifty yards from the wall, and carried away the sand and walls, but left the houses standing, so that only two or three persons were drown’d. Everyone now thought the town would be swallowed up, for although this was run off, yet with glasses we saw more coming.

The people were in the utmost consternation, and ran some one way, some another. The governor ordered the gates to be shut, that people might not to go out of town, as the land was lower than the town; by which means he saved the lives of thousands, who wanted to fly, the did not know where. When the wave was gone, some parts, that are deep at low water, were quite dry, for the water retired with the same violence it came with. These waves came in this manner four or five times, but with less force each time; and about one the sea grew more calm, but was still in a boiling motion. Everything was washed of the mole. The bay was full of barrels and boats, and timbre; but no damage was done in the shipping. The walls have suffered very much. There is a neck of land, that goes from thence to the island of León, open to the ocean on one side, and to the bay on the other, but very narro: upen this was a very strong causey2, which the sea has washed away, as if it was nothing, that in some places you cannot say, here is the road. It has almost opened a communication between the sea and the bay, which will be a great misfortune to the town, as it will spoil the bay, now become a small island. It is to be hoped the governor will endeavour to prevent that.

There were about forty or fifty people drowned on the causey, and a great many beasts. Some of the towns about us have suffered a great deal more than we, by the falling of houses and towers, but we have not yet got an account of what damage has been done; and it is believed, by the course of the earthquake, that it did not go to Gibraltar. The whole day the weather was extremely serene and pleasant. Since the sea is come to itself, and nature seems to be recovered from her convulsions. We had rain, and a fresh wind, so that it is hoped we shall have no more of these dreadful calamities, which or shocking to human nature. God grant it may be so. These phaenomena are very uncommon here. About 25 years ago the was a small shock of un earthquake, but not attended with these horrid risings of the sea. Should they be frequent, there would be no living here; the town would even be destroyed, and we have no place to fly to, unless it is aboard the ships, which are at a distance. Thank God it is no worse. Adieu: believe me ever yours.

N. B. the day of the earthquake the weather was as clear and serene as the finest summer-day in England.

Un relato del terremoto de Cádiz, 1 de noviembre de 1755, en una carta del Sr. Benjamin Bewick, comerciante aquí, al Sr. Joseph Paice, comerciante en Londres

Leída el 18 de diciembre de 1755.

Recordaré esta semana durante mucho tiempo, por eso y por otra cosa que te voy a relatar, ya que puede que no halles una relación tan fiel en los periódicos.

Estando a día 1, justo antes de las diez3, toda la ciudad se vio sacudida por un violento terremoto que, según he podido recoger de los curiosos, duró sobre tres minutos y medio. Para darte una idea de su violencia, el agua de las cisternas (que están bajo tierra) se agitó hacia adelante y hacia atrás hasta formarse una gran espuma encima. Todo el mundo salió corriendo de las casas e iglesias en una terrible consternación, pero no se produjo ningún daño, ya que aquí todos los edificios son extraordinariamente sólidos. Nos sentimos muy seguros cuando esto pasó y la gente se recuperó un poco del susto.

Una hora después, mirando hacia el mar, vimos llegar una ola a ocho millas de distancia4, que era al menos cincuenta pies5 más alta de lo normal. Todo el mundo empezó a temblar; los centinelas abandonaron sus puestos, e hicieron bien. Impactó contra la parte oeste de la ciudad, que es muy rocosa: las rocas amortiguaron en gran medida su fuerza. Finalmente, se abalanzó sobre las murallas, golpeó el parapeto y arrastró piezas de ocho o diez toneladas de peso a cuarenta y cincuenta yardas6 de la muralla, y se llevó la arena y las murallas, pero dejó las casas en pie, de modo que solo se ahogaron dos o tres personas7. Todo el mundo pensaba ahora que la ciudad sería tragada, porque, aunque esta se había retirado, con los prismáticos vimos que aún venían más.

La gente se hallaba en la más absoluta consternación y unos corrían en una dirección y otros en otra. El gobernador ordenó cerrar las puertas para que la gente no pudiera salir de la ciudad8, ya que el terreno estaba más bajo que la ciudad; por cuyo motivo salvó la vida de miles que querían huir sin saber adónde. Cuando la ola se aplacó, algunas partes que son profundas en marea baja quedaron completamente secas, pues el agua se retiró con la misma violencia con la que llegó9. Estas olas llegaron de esta manera cuatro o cinco veces, pero con menos fuerza cada vez; y alrededor de la una el mar se volvió más calmo, aunque aún con cierto movimiento de agitación. Todo quedó arrasado fuera del muelle. La bahía se llenó de barriles, botes y madera, pero no se produjeron daños en la flota. Las murallas han sufrido muchísimo. Hay un cuello de tierra que va desde allí hasta la Isla de León10, abierto al océano por un lado y a la bahía por el otro, pero muy estrecho: sobre él había un arrecife muy sólido, que el mar ha arrasado como si no fuera nada, de forma que en algunos lugares no podrías decir «aquí está la calzada»11. Casi ha abierto una comunicación entre el mar y la bahía, lo que será una gran desgracia para la ciudad, ya que arruinará la bahía12, convertida ahora en una pequeña isla. Es de esperar que el gobernador se esfuerce por evitarlo.

Hubo entre cuarenta y cincuenta personas ahogadas en el arrecife13, y un gran número de bestias. Algunas de las ciudades de nuestro entorno han sufrido muchísimo más que nosotros por la caída de casas y torres, pero aún no tenemos constancia de cuáles son los daños producidos; y se cree, por el curso del terremoto, que no llegó a Gibraltar. Durante todo el día el tiempo estuvo extremadamente sereno y plácido. Desde entonces, el mar ha vuelto a su estado normal y la naturaleza parece haberse recuperado de sus convulsiones. Tuvimos lluvia y sopló un viento fresco, por lo que se espera que no volvamos a sufrir más estas espantosas calamidades que tan impactantes son para la naturaleza humana. Dios quiera que así sea. Estos fenómenos son muy poco comunes aquí. Hace unos veinticinco años hubo un pequeño temblor debido a un terremoto, pero no vino acompañado de estas horribles crecidas del mar14. Si fueran frecuentes, no existiría la vida aquí; la ciudad incluso quedaría destruida y no habría lugar al que huir, salvo a bordo de buques que se encuentran a cierta distancia15. Gracias a Dios que no fuera peor. Adiós: créeme siempre tuyo.

P. D. El día del terremoto el tiempo estaba tan claro y sereno como el mejor día de verano en Inglaterra.

Notas:

  1. Sic, la forma correcta sería shaken. ↩︎
  2. Sic, no es una errata sino más bien una forma antigua de causeway. ↩︎
  3. El terremoto tuvo lugar justamente a las 09:52. ↩︎
  4. 14,8 km. ↩︎
  5. 15,24 m. ↩︎
  6. Hasta unos cuarenta y seis metros. ↩︎
  7. Otros testimonios hablas de la muerte de 9 pescadores en las rocas del castillo de San Sebastián y de otras cinco personas en el callejero urbano próximo a las murallas de la Caleta. ↩︎
  8. El primero en tomar la decisión y dar la orden de cerrar las puertas fue el capitán de granaderos Manuel Boneo, quien estaba al frente de la guarnición. Quizá en esos mismos momentos se estaba tomando idéntica decisión en las casas consistoriales, pero cuando la orden del gobernador Antonio de Azlor llegó al capitán Boneo, este ya tenía cerradas las puertas y solo sirvió para ratificar su decisión. ↩︎
  9. Según lo cuenta Bewick, parece que no hubo una retirada inicial de la marea, como suele ser frecuente en los grandes maremotos. ↩︎
  10. Se trata del istmo de tierra que une Cádiz con San Fernando. ↩︎
  11. Puede que se refiera al tramo de calzada empedrada que iba desde Puertatierra a Cortadura, circulando junto a la playa; pero lo más probable es que se refiera al nuevo arrecife empedrado que sabía que se estaba construyendo entre Cortadura y las Torres de Hércules, actual Torregorda, que ni mucho menos estaba en funcionamiento en aquella época, ya que la obra iba muy retrasada por falta de financiación. ↩︎
  12. Según un plano de 1757 levantado por el cartógrafo militar Enrique Legallois de Grimarest, entre Cádiz y la Isla de León, actual San Fernando, se abrieron al menos tres cortaduras por las que las aguas del Atlántico se juntaban con las de la bahía. Una de esas cortaduras penetraba hasta el actual barrio de la Laguna y otra dividía el istmo a la altura del Ventorrillo del Chato. Esta era la que verdaderamente ocasionaba el aislamiento de la ciudad, de tal forma que no podía entrar el ganado al matadero sin riesgo de ahogamiento de los animales. ↩︎
  13. Quizá esté muy próximo a las cifras correctas. Las cifras de otros testimonios fluctúan entre los doscientos y cuatrocientos ahogados. ↩︎
  14. No tengo duda de que se refiere al terremoto que asoló la ciudad de Agadir en el año 1731. Pero aunque niega que provocara fuertes fluctuaciones del mar, se sabe que el mar tuvo un comportamiento anómalo en ese año y que causó graves daños en la vía de comunicación entre Cádiz y ls Isla de León. ↩︎
  15. A lo que se refiere Benjamin Bewick es que al no existir un puerto propiamente dicho con pantalanes o muelles, los barcos quedaban fondeados en la bahía y era preciso maniobrar y disponer un tiempo para poder acercarse a una zona de atraque. ↩︎