SAFO | Φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν

[ Imagen de cabecera: réplica de un busto de Safo en los Museos Capitolinos de Roma ]

La autora y la obra

No sé cuál de mis profesores de griego recitó por primera vez Φαίνεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν ἔμμεν ὤνερ ὄττις ἐναντίος τοι ἰσδάνει […], pero su traducción me pareció cautivadora: «me parece igual a los dioses el hombre aquel que frente a ti se sienta». Safo (c. 630 – 580 a. C.), su autora, le daba una fuerza de entrada al poema que incitaba a descifrarlo con avidez. ¿Qué poder cautivador ejercía ese hombre hacia la mujer que tenía delante?, o más bien, ¿qué poderosa atracción emanaba de aquella mujer para envidiar tanto al hombre que estaba sentado delante, hasta el punto de divinizarlo?

Safo (gr. Σαπφώ) había nacido en la isla de Lesbos, ya fuera en Mitilene, como se extrae de la lectura del papiro de Oxirrinco1, o en la ciudad de Ereso, según figura en la Suda o Σοῦδα, el gran tesoro enciclopédico bizantino del s. X escrito en lengua griega. Protegida por una familia sin carencias económicas, aunque no opulenta, se dedicó a la educación en materias como la música, el canto y la poesía, compartiendo su talento literario y musical con un amplio grupo de mujeres, hijas de otras familias, con las que conformó una escuela o algún tipo de asociación cultural (θίασος). En ese estrecho contacto dentro de un mundo exclusivamente femenino —y cómplice en la misma medida en que se confabulan las mujeres en la Lisístrata o La asamblea de las mujeres del comediógrafo Aristófanes—, es donde el amor, el deseo o el erotismo se han interpretado de diferentes maneras a través de los tiempos, generando rechazo en algunos autores antiguos y personalidades de la Antigüedad e incluso de la Edad Media. De ahí que la mayor parte de sus poemas se hayan perdido y que solo nos hayan quedado unos pocos fragmentos en proporción a lo que debió ser su producción literaria. Como decía nuestro insigne helenista Francisco Rodríguez Adrados, «que Safo destacaba en la música y la poesía es innegable y que había una convivencia con mujeres jóvenes que luego marchaban lejos, también». Y esa relación intensa que se establecía entre Safo y sus discípulas, que siempre acababa en triste despedida, multiplicaba el amor de Safo. Como digo, de sus himnos, odas y epitalamios solo han quedado algunos retales. Uno de ellos, de los más extensos junto a la Oda a Afrodita, es esta oda, la número 31, escrita como todo su poemario en un dialecto griego concreto: el eolio. Es una oda cuyo final se ha perdido y que nos impide conocer cuál es la angustia que siente Safo ante la mirada de una atractiva mujer de su círculo y el hombre que viene a visitarlas y que sentado frente a la joven no puede dejar de mirarla. Le parece un dios que ha descendido a la Tierra para escoger a otra de sus niñas, sin duda una de las más queridas y una de las que tarde o temprano sabía que se habían de marchar, dejándola en la más desoladora añoranza: como cuando se emancipa definitivamente un hijo o cuando la persona amada se marcha con otro amante ante tu impotencia sin dedicarte una última mirada ni un atisbo de remordimiento. El amor que desprende es tan grande, tan puro y tan doloroso, que Catulo se sintió en la necesidad de recordarlo eternamente en su poema 512 dedicado a su amada Lesbia, curiosamente llamada con el mismo gentilicio de Safo.

El texto que empleo como fuente en esta entrada procede de la edición de Edgar Lobel y Denys Page, publicada en 1955 por la Oxford University Press. Safo emplea la estrofa sáfica3, que no es una creación suya, sino una estrofa popularizada por ella, gracias al uso recurrente que hizo de la misma.

Manuscrito seleccionado

El manuscrito seleccionado es el papiro 739, datado en el s. III d. C., que se conserva en la British Library. Se trata de un poema dedicado a su hermano Caraxo, en la que Safo ora porque vuelva sano y salvo de un viaje comercial en barco a Egipto. Está escrito en caligrafía capital rústica derivada de la capital romana.

Texto griego

φάινεταί μοι κῆνος ἴσος θέοισιν
ἔμμεν ὤνερ, ὄττις ἐναντίος τοι
ἰσδάνει καὶ πλάσιον ἆδυ φωνεί-
σας ὐπακούει

καὶ γελαίσας ἰμερόεν τό μ᾽ ἦ μάν
καρδίαν ἐν στήθεσιν ἐπτόησεν·
ὠς γὰρ εἰσίδω βροχέως σε, φώνας
οὐδὲν ἔτ᾽ ἴκει·

ἀλλὰ κάμ μὲν γλῶσσα ἔαγε, λέπτον
δ᾽ αὔτικα χρῷ πῦρ ὐπαδεδρόμηκεν,
ὀππάτεσσι δ᾽ οὐδὲν ὄρημ᾽,ἐπιρρόμ-
βεισι δ᾽ ἄκουαι.

καδ δέ μ᾽ ἴδρως κακχέεται, τρόμος δὲ
παῖσαν ἄγρει, χλωροτέρα δὲ ποίας
ἔμμι, τεθνάκην δ᾽ ὀλίγω ᾽πιδεύης
φαίνομαι.

ἀλλὰ πὰν τόλματον ἐπεὶ καὶ πένητα […]

Traducción

Me parece igual a los dioses4
el hombre aquel que frente a ti se sienta
y, de cerca, a la dulce voz que emites
atentamente atiende

y a tu irresistible sonreír,
lo que dentro del pecho mi corazón excita.
Porque es verte un momento y aún parece
que me falta la voz,

pues la lengua, apagada, se me quiebra y al instante
un tenue fuego dentro del cuerpo me ha atravesado.
Nada veo con los ojos, los oídos
me zumban,

un sudor frío se apodera de mí, un estremecimiento
me anula entera, más pálida que la hierba estoy
y parece que tengo la sensación
de morir.

Pero todo es atrevimiento, pues para un pobre […]

  1. P. Oxy. 15.1800.2: [Σαπφὼ τὸ μὲν γένος] ἦν Λεσβία, πόλεως δὲ Μιτυλήνης, trad. «Safo era de Lesbos, de la ciudad de Mitilene. ↩︎
  2. El poema de Catulo comienza copiando el primer verso de Safo: Ille mi par esse deo videtur. ↩︎
  3. La estrofa sáfica está compuesta de 4 versos: tres endecasílabos (‒ u ‒ ū | ‒ u u ‒ | ‒ u ū) y un adonio (‒ u u ‒ ‒). ↩︎
  4. Esta fórmula la reutiliza Safo en el fragmento 110 del Libro IX según edición de Carlos Montemayor (México, 1986): ↩︎
La poesía de Safo es considerada como una de las obras que marcan el devenir de la producción literaria y bibliográfica a lo largo de la historia. Fuente: Museo de la Biblioteca Nacional de España