Al comenzar mis estudios de bachillerato en septiembre de 1981, observé desde los pasillos del instituto a un profesor que declinaba en la pizarra el sustantivo latino tan conocido para los estudiantes rosa, –ae, una auténtica letanía. Aquel profesor se llamaba Juan Atienza, un hombre que añadía al atractivo que de por sí tienen las lenguas clásicas el maravilloso poder de la docencia. ¡Y de qué manera lo conseguía! Desde aquel fotograma guardado en la memoria supe lo que estaba llamado a estudiar. Más que una decisión fue dejarme guiar por el destino, un destino tan caprichoso que posteriormente, tras completar la carrera, me llevó a otros campos del conocimiento y, en particular, a la gestión de emergencias y al estudio de los riesgos naturales, que acabaron siendo mi profesión. Pero el latín y el griego nunca desaparecieron de mi memoria ni de mi biblioteca personal. Además, combinan muy bien con el estudio de las fuentes primarias que nos hablan de la transformación del territorio y del urbanismo, y que nos han dejado no pocos testimonios sobre desastres naturales históricos. La cuestión ahora es por qué no volver a los orígenes cuando la profesión se va agotando y se acerca el tiempo de disfrutar del otium y el carpe diem. Doy comienzo, por tanto, a este proyecto personal que espero sirva de disfrute y, también, «por ver si hay otro más loco que yo en estos lugares».

Traducción

«Heliodoro, un loco cartaginés, mandé por testamento ser enterrado en este sepulcro al otro lado del Estrecho, para ver si hay alguien más loco que yo que, por tal de verme, alcance a llegar hasta estos lugares».

As de Gades (120-20 a. C.)

PONCE DENIS ÉCOUCHARD LEBRUN | Oeuvres (II, 18)

En este artículo traduzco una oda del poeta francés Ponce Denis Écouchard Lebrun en el que tras el terremoto de Lisboa de 1755 dedica unos versos a la memoria del joven Jean Racine, quien murió ahogado durante su huida en el camino de Cádiz a San Fernando.
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ANTONIO CARBONELL Y BORJA | El maremoto de Cádiz

Antonio Carbonell y Borja era apenas un niño cuando fue testigo del maremoto de Cádiz de 1755. Décadas después publicó este interesante artículo en el que describe lo que vio y oyó en aquellos días acerca del dramático episodio.
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PLINIO EL JOVEN | Epistulae (VI, 16)

Esta carta de Plinio el Joven dirigida al historiador Tácito cuenta cómo se produjo la muerte de su tío, Plinio el Viejo, durante la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., al intentar socorrer a las poblaciones afectadas y aspirar mortalmente los gases y cenizas del volcán.
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SILIO ITÁLICO | Punica (III, vv. 1-61)

En el año 218 a. C., el general cartaginés Aníbal Barca se desplazó hasta el templo de Hércules, en Gádir, para depositar en él parte del botín de guerra de la toma de Sagunto. Allí presenció uno de los tsunamis mejor descritos por la literatura latina.
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AMIANO MARCELINO | Rerum gestarum (XXVI 10, 15-19)

Amiano Marcelino nos describe en este pasaje uno de los mayores tsunamis conocidos en la antigüedad, acaecido el 22 de julio del 365 d. C. Ahora sabemos que el terremoto tuvo su epicentro al sur de las costas de Creta. Las olas devastaron la ciudad de Alejandría.
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HORACIO | Carmina (L. IV, 7)

Este poema de Horacio representa para mí uno de los mayores exponentes de la poesía latina y universal, que nos habla de la fugacidad de la vida y de la necesidad de disfrutar el presente.
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