[ Imagen de cabecera: portada de la edición de Pieter van der Aa (1963) ]
El autor y la obra
Conocí muy tardíamente la obra de Amiano Marcelino (c. 330 – c. 400) al estudiar el maremoto de Alejandría, un desastre natural que tuvo lugar justamente en el preciso momento de la división del Imperio romano en dos mitades. A la muerte del emperador Joviano, el ejército nombró como sucesor al comandante Valentiniano y, por exigencia de las tropas de contar con un equilibrio de poder a la manera del antiguo consulado republicano, este se vio obligado a nombrar a su hermano Valente como segundo emperador. Lo siguiente fue dividir el territorio, quedando Valentiniano al frente del Imperio de occidente con sede en Milán y Valente en Constantinopla para gobernar Oriente. Empieza así la decadencia del primero de estos mundos, que llevaría al abandono de las poblaciones costeras de Lusitania y la Bética: Buda, Gades, Baelo Claudia… De ello nos hablará Marco Rufo Avieno. Pero lo interesante de este paisaje de Amiano es la descripción del maremoto del 22 de julio del 365 d. C., cuyo epicentro los geólogos creen situado al sureste de la isla de Creta. El terremoto debió ser extraordinario, superior a los 7,5º, con un plano de falla orientado hacia la ciudad egipcia. La retirada inicial de las aguas sorprendió a sus habitantes, que no recordaban un acontecimiento igual en el pasado y en consecuencia actuaron de la misma forma que en otros maremotos recientes de la historia: se lanzaron a las playas a recolectar los peces que chapoteaban sobre los extensos y fangosos limos del delta del Nilo: aparentemente una pesca fácil. Justo antes, durante los fuertes temblores de tierra, se observaron en el cielo efectos luminosos que han sido descritos de manera similar en otros sismos importantes como el del 1 de noviembre de 1755 o incluso el del 28 de febrero de 1969, sin presencia de ninguna tormenta o aparato eléctrico. Mucha gente se ahogó sorprendida por el súbito y brusco regreso de la marea, que sumergió literalmente la ciudad a tenor de la descripción que el autor nos hace, y que arrastró barcos de gran tonelaje muy al interior, quedando algunos de ellos varados sobre las azoteas. Amiano fue testigo presencial de lo que allí había ocurrido, por lo que su testimonio tiene un valor de primer orden.
Manuscrito seleccionado
El manuscrito seleccionado es el codex Vaticanus Latinus 1873, datado en el s. IX, que se conserva en la Biblioteca Vaticana después de haber estado inicialmente en el monasterio benedictino de Fulda (Alemania). Está escrito en carolina minúscula.
Fuente:
Texto latino
[15] Hoc nouatore adhuc superstite cuius actus multiplices docuimus et interitum, diem duodecimum Kalendas Augustas, consule Valentiniano primum cum fratre, horrendi terrores per omnem orbis ambitum grassati sunt subito qualis nec fabulae nec ueridicae nobis antiquitates exponent. [16] Paulo enim post lucis exortum, densitate praeuia fulgurum acrius uibratorum tremefacta concutitur omnis terreni stabilitas ponderis, mareque dispulsum retro fluctibus euolutis abscessit, ut retecta uoragine profundorum species natantium multiformes limo cernerentur haerentes, ualliumque uastitates et montium tunc, ut opinari dabatur, suspicerent radios solis, quos primigenia rerum sub inmensis gurgitibus amendauit. [17] Multis igitur nauibus uelut arida humo conexis et licenter per exiguas undarum reliquias palantibus plurimis, ut pisces manibus colligerent et similia.
Marini fremitus uelut grauati repulsam uersa uice consurgunt perque uada feruentia insulis et continentis terrae porrectis spatiis uiolenter illisi, innumera quaedam in ciuitatibus et ubi reperta sunt aedificia complanarunt, proinde ut elementorum furente discordia inuoluta facies mundi miraculorum species ostendebat. [18] Relapsa enim aequorum magnitudo cum minime speraretur, milia multa necauit hominum et submersit, recurrentiumque aestuum incitata uertigine quaedam naues, postquam humentis substantiae consenuit tumor, pessum datae uisae sunt exanimataque naufragiis corpora supina iacebant aut prona. [19] Ingentes aliae naues extrusae rabidis flatibus culminibus insedere tectorum, ut Alexandriae contigit, et ad secundum lapidem fere procul a litore contortae sunt aliquae, ut Laconicam prope Methonen1 oppidum nos transeundo conspeximus diuturna carie fatiscentem.
Traducción
[15] El día 22 de julio, siendo cónsul Valentiniano con su hermano2, en vida aún del revolucionario cuyas múltiples acciones y muerte hemos documentado3, horrendos terrores se abrieron paso súbitamente por todo el contorno del orbe, cuales ni las fábulas ni las antiguas historias para nosotros verídicas mencionan. [16] Pues poco después de la salida del sol, estremecida previamente por una cantidad de fulgores y violentas vibraciones, la estabilidad de toda la masa de la tierra se vio sacudida; y el mar, impulsado hacia atrás, se retiró en rizados oleajes de tal forma que, destapando el abismo de las profundidades, quedaron adheridas al limo especies marinas de múltiples formas; y como cabía pensar, vastos valles y montañas contemplaron en ese momento los rayos del sol de los que la creación les tenía privados bajo inmensas columnas de agua. [17] Por ello muchas naves quedaron como ancladas en tierra seca y mucha gente salió en tropel, incautamente, a través de los escasos restos de las olas para recoger a mano peces y cosas similares.
Los bramidos del mar, como cansados de verse repelidos, se levantaron vuelta atrás; y por bajíos efervescentes4, golpeando violentamente contra las islas y las áreas expuestas de la tierra continental, arrasaron innumerables edificios cuantos había en las ciudades y donde los hallara, de ahí que envuelta en la discordia furente de los elementos, la faz del mundo experimentara una especie de prodigios. [18] En efecto, la superficie del mar, recubriendo las extensas llanuras cuando cabía esperar, ahogó y mató a muchos miles de hombres; y en la agitada resaca de unas corrientes de retorno, tras decaer la agitación de la materia acuosa, se pudieron ver varias naves echadas a pique y cuerpos exánimes yaciendo boca arriba o boca abajo entre los restos de los naufragios. [19] Otras naves de gran porte impulsadas por rabiosos soplos se montaron sobre las cubiertas de los tejados, como sucedió en Alejandría; y al proseguir por las rocas, algunas quedaron volteadas bastante lejos de la costa, como una laconia5 que observamos nosotros al pasar cerca de la ciudad de Metone agrietada por la prolongada carcoma.
Notas:
- En las ediciones de Karl Tauchnitz (1835) y Francis Eissenhardt (1871) aparece escrito como Mothonen, mientras que en la de Sebastian Gryphius (1552) figura Methonem. Sin duda es el nombre de una ciudad griega por su acusativo terminado en «n». Debe tratarse por tanto de la actual Modona (antigua Metone), situada en la costa suroeste del Peloponeso. ↩︎
- Se refiere a Valente. ↩︎
- El revolucionario al que se refiere Amiano Marcelino es Procopio, político y allegado del emperador Juliano el Apóstata, quien había intentado hacerse con el trono del Imperio de oriente al creerse legitimado por los rumores que afirmaban que Juliano le había nombrado como sucesor en su lecho de muerte. ↩︎
- En las aguas someras las olas se vuelven más espumosas. ↩︎
- Nave laconia, quiere decir. ↩︎

